El descenso final nos deja en Sitges, uno de los pueblos más emblemáticos de la costa catalana. Entramos en el núcleo urbano por el paseo marítimo, siguiendo el carril bici junto a la playa hasta el centro histórico. El aire salado, las palmeras y las casas blancas anuncian la llegada al mar. Una etapa corta pero intensa, que une el silencio de los viñedos con el Mediterráneo.